Es bien conocido que realizar ejercicio físico de manera regular reporta múltiples beneficios para la salud del cuerpo y de la mente: mejora la circulación, controla nuestro peso, fortalece el corazón, los músculos y los huesos, y previene el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2.

Ejercitar reduce los niveles de ansiedad y de depresión, además de favorecer la función cognitiva y la calidad del sueño. Todas cuestiones que, desde luego, gravitan positivamente sobre la vida sexual. Sin embargo, no todos están al tanto de que la actividad física puede producir, además, placer sexual… ¡y hasta orgasmos!

El “orgasmo inducido por el ejercicio” (OIE), también llamado “coregasmo” o “abdorgasmo”, hace referencia al que se genera gracias a la ejercitación del “core”. Es decir, de la zona media del cuerpo que abarca los músculos del abdomen, la espalda baja, la pelvis, los glúteos y la cadera (tiene sentido: es la que está en contacto con los órganos sexuales). Dicen que las más propensas a estas gratas sorpresas somos las mujeres.

Lo que ellas quieren

Aunque parezca novedoso, ya en los años 50 el sexólogo estadounidense Alfred Kinsey hizo una referencia a esta forma de placer en su obra “Conducta sexual de la mujer”, refiriendo que el 5% de las encuestadas reportó haber tenido orgasmos al hacer deporte.

Más acá en el tiempo, en un estudio de la Universidad de Indiana del que participaron 530 mujeres, 246 afirmaron haber experimentado placer sexual cuando entrenaban y 126 declararon que habían tenido un orgasmo. Muchas de ellas referían que se trataba de un goce diferente al de una relación sexual: menos intenso, pero igualmente placentero. Quizás por eso también se los llama “orgasmos expandidos”.

Pero ¿cómo se producen? Aparentemente, se ven favorecidos cuando los movimientos en cuestión suponen tensión en el abdomen y en los músculos del suelo pélvico, lo que aumenta el riego sanguíneo en la zona (además de que la liberación de dopamina y endorfinas que acontece con la actividad física es generadora de placer).

La doctora Debby Herbenick, abocada al estudio de este tema y autora del libro “The Coregasm Workout” (“El entrenamiento del coregasmo”) afirma que es más probable experimentarlo cuando los músculos están fatigados, como ocurre en los ejercicios intensos y repetitivos. De ahí que los abdominales con elevación de piernas figuren entre los más propicios (sobre todo si antes se calienta con 20 minutos de cardio).

También hay testimonios de esta experiencia al hacer una clase de spinning, levantar pesas o, simplemente, correr.